Los bulbos son una opción perfecta para iniciarse en el mundo de la jardinería, ya que tienen la gran capacidad de crecer en casi cualquier lugar.

Los bulbos de otoño quedan enterrados en la tierra durante unos meses y comenzarán a florecer desde mediados de febrero hasta mayo.

Antes de plantar los bulbos, se recomienda sumergirlos en agua durante 24 horas para hidratarlos.

Las condiciones óptimas para su crecimiento, son: un lugar soleado y protegido del viento.

Cuando compramos los bulbos, podemos encontrarlos en bolsitas, donde el fabricante hace mención de su correcta utilización, o bien; también los podemos encontrar en pequeñas macetas, que sólo hay que trasplantar, como cualquier otra planta.

Los bulbos que florecen en altura, necesitarán estar plantados a mayor profundidad, para que parte del tallo crezca dentro de la tierra, para evitar roturas.

Para saber, aproximadamente, a qué distancia de la superficie debemos plantar, podemos medir el diámetro de cada bulbo y sembrarlo al triple de centímetros de la superficie.

La distancia entre bulbos también se puede medir siguiendo esta regla: el bulbo vecino deberá estar, como mínimo, al doble del diámetro del tubérculo.

Es importante protegerlos de las heladas.

Los primeros días después de plantarlos, los regaremos más a menudo, tenemos que tener en cuenta que el suelo debe estar ligeramente húmedo.